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Nader junto a sus compañeros de trabajo del equipo del JRS donde se encarga de la distribución de insumos a los desplazados por la guerra en el Centro Al Mukhales, en Homs (JRS Siria)
Roma, 8 de enero de 2014 - Un refugiado sirio obligado a salir de su ciudad junto a su familia no sólo perdió su casa, sino también su propósito en la vida, la capacidad de mantener a su familia.

Afortunadamente, Nader Ibrahim Bitar, de 48 años, pudo recuperar un sentido de pertenencia y plenitud al convertirse en un miembro activo del equipo del JRS en el Centro Al Mukhales, en Homs .

Gracias a su relación con el centro, ahora Nader puede mantener a su familia y apoyar a los demás en su nueva comunidad. Nader, su esposa y sus tres hijos, sin embargo, siguen viviendo en una zona de guerra.

"Creemos en la importancia de nuestra presencia, a pesar de que toda la violencia y la tristeza que nos rodean nos tientan a conseguirnos unos pasaportes y huir", dijo.

Según Nader, la vida en Alepo ha ido empeorando gradualmente. La mayoría de los adultos en Alepo tienen muchas dificultades para llegar al trabajo debido a la violencia, y lo mismo les ocurre a sus hijos cuando tratan de ir a la escuela.

Que hombres armados entren en las tiendas, apuntando con sus rifles a los propietarios y gritando "¡Váyanse a sus casas! ¡Ahora estamos controlando esta zona!" ya se ha convertido en la norma, dice Nader.

Nader y sus compañeros no podían ir a trabajar por los violentos enfrentamientos entre rebeldes extremistas y el ejército gubernamental. Aunque la empresa de Nader siguió pagando a sus empleados, al cabo de unos meses se vio obligada a cerrar al entrar en quiebra y por la falta de seguridad.

La fe de Nader le ha ayudado a superar las dificultades. Él cree que "Dios da a cada uno un papel" y no le preocupa la muerte.

"Mi esposa y yo nos pusimos una máscara de valentía para que nuestros hijos no vieran el miedo en nuestra cara. A pesar de todas las dificultades, seguimos viviendo en las enseñanzas de la Iglesia", comentó este padre de tres hijos.

En este momento de gran ansiedad, Nader se siente afortunado de haber encontrado un sentido de comunidad en el centro Al Mukhales, diciendo que esta es una hermosa experiencia porque allí la gente "se abraza".

Antes de verse obligados a huir de Alepo, Nader había perdido su trabajo. Así que cuando llegó a la casa de sus suegros, en agosto del año pasado, se sentía derrotado.Antes era el sustento principal de la familia, tenía un buen trabajo como contable en una empresa de venta de productos para baños en Alepo.

El poco dinero que había ahorrado pronto se terminó y se vio obligado a aceptar la comida de su iglesia local, Al Mukhales.

"Es difícil asimilar la idea de aceptar la caridad", dijo.

Pero la suerte de Nader cambió cuando se encontró con un sacerdote que había conocido años antes en Alepo, el P. Ziad Hilal. El P. Ziad era ahora el director del proyecto del JRS en Homs . Le dijo que viniera a trabajar al centro de Al Mukhales y poco después, Nader se incorporó al equipo del JRS. Nader había encontrado una manera de entregarse a los demás y ganarse la vida.

Nader tiene varias tareas en el equipo de distribución. Es el responsable del inventario y la compra de artículos de primera necesidad, como mantas y alimentos para distribuirlos a las familias, y su trabajo también implica viajar a zonas peligrosas en Homs, donde son habituales los enfrentamientos violentos.

"Me encanta lo que hago porque ayudo a personas desplazadas como yo mismo a superar su miedo, pero hay mucha presión psicológica en el trabajo. Todo es un caos, con tanto baño de sangre y tanta vida perdida sin sentido", explicó.

Para Nader, sus amigos, familiares y compañeros de Al Mukhales, "siguen viviendo la misión de la Iglesia". Así, cree que todos los que ayudan en el centro "sienten la importancia de nuestra presencia".

"Vivimos porque amamos. El Señor dice: 'no tengas miedo' y esta frase se dirige a cada uno de nosotros como sobrevivientes de guerras en todo Oriente Medio", dijo Nader.

"Soy consciente de que cada uno de nosotros tiene un deber y como he recibido ayuda y paz en el Centro Al Mukhales, ahora quiero seguir apoyando con mi trabajo y ayudar a otras personas necesitadas".

Wael Salibi, JRS Internacional