via todas las campanas


Gracias a una amplia red de voluntarios locales en Siria, el Servicio Jesuita a Refugiados ha podido ampliar y mejorar los servicios a los que más lo necesitan, que se encuentran atrapados entre el fuego cruzado de la violencia. (JRS Oriente Medio y Norte de África)
Londres y Washington DC, 23 de Diciembre de 2013 – El Servicio Jesuita a Refugiados en Siria se está centrando principalmente en dos líneas de trabajo: la ayuda de emergencia a las personas más necesitadas y las actividades educativas. Ambos esfuerzos contribuyen a la reconciliación y la convivencia entre personas de diferentes orígenes socioeconómicos y confesionales.

En la actualidad, nuestras actividades de emergencia consisten en ayuda alimentaria, suministro de kits de higiene e insumos no alimentarios, atención básica de salud, gestión de albergues y apoyo al pago del alquiler. Un aspecto fundamental de la misión del JRS en Siria es la asistencia educativa y psicosocial que se ofrece a 9.800 niños, niñas y mujeres. En total, el JRS ayuda a unas 200.000 personas en Damasco, Homs, Alepo y las zonas costeras de Siria.

Los valientes esfuerzos del personal del JRS y de otras organizaciones cristianas, musulmanas y seculares para llegar hasta quienes están en peligro en Siria, por desgracia no son suficientes para satisfacer sus ingentes y cada vez mayores necesidades. La comunidad internacional no ha apoyado adecuadamente a la sociedad civil siria. Esto debe cambiar.

La tragedia de Siria se ha ido agravando durante casi tres años. Lo que comenzó como un llamamiento de una parte de los sirios en favor de reformas ha terminado transformándose en un conflicto a gran escala. Hoy, el conflicto involucra a elementos extremistas radicales y la participación extranjera en ambos lados. Mientras tanto, la comunidad internacional en general aún no ha logrado crear las condiciones necesarias para poner fin a este baño de sangre a pesar del clamor desesperado de la mayoría de los sirios para que se ponga fin al conflicto.

Un tercio de la población siria está en extrema necesidad de ayuda humanitaria. Los desplazados forzosos, ya sea dentro del país o al otro lado de las fronteras, suman un total de casi ocho millones de personas. Es como si todos los neoyorquinos hubieran tenido que abandonar su ciudad en busca de seguridad y protección. Otros dos millones y medio de personas - los que no pudieron o no quisieron huir - viven por debajo del umbral de la pobreza, sin poder permitirse comprar alimentos suficientes para sus familias, ni medicamentos, que sólo se consiguen en el mercado negro a precios exorbitantes. Los cientos de miles de sirios que se encuentran atrapados en barrios controlados por las fuerzas del gobierno están asediados por los grupos de la oposición, mientras que los cientos de miles que viven en las zonas controladas por la oposición viven cada día con el temor de bombardeos o ataques aéreos gubernamentales por sorpresa.

"He estado trabajando con el JRS durante unos nueve meses, haciendo visitas domiciliarias. Tenemos siete equipos que visitan las familias todos los días. Evalúan las necesidades de cada una para discernir qué familias son las más necesitadas de ayuda, o cuáles necesitan asistencia específica", explica un voluntario del JRS en Siria.

"Lo que me parece más estresante es que cuando sales de casa por la mañana, no sabes si volverás a ver a los demás de nuevo. No podemos salir de noche, nos quedamos encerrados aquí dentro. Es sofocante".

Otro compañero del JRS dice que "ya nadie está a salvo en ningún lugar de Siria". Mostrando la foto del patio de una escuela llena de niños jugando y divirtiéndose, explica que "hace un mes, proyectiles de mortero alcanzaron el área de recreo; por suerte, estaba casi vacío, los niños estaban en clase, pero una niña resultó herida en la cabeza por la metralla y quedó en estado de coma". Más tarde, supimos que falleció.

Peones en un tablero. El Servicio Jesuita a Refugiados ve cómo millones de sirios están siendo utilizados por sus propios compatriotas en una guerra civil de la que son como peones en un tablero de ajedrez. Este juego trágico no puede continuar. Son muchos los que afirman que una solución militar no es posible, pero a la hora de la verdad se están haciendo muy pocos esfuerzos para demostrar que esta afirmación es errónea; en vez de trabajar por la paz, los "amigos" extranjeros suministran a los combatientes de ambos lados dinero, entrenamiento y armas.

Queremos darle la vuelta al tablero de ajedrez. Tenemos que ayudar a la mayoría de sirios a hacer oír expresar su demanda de paz y tenemos que hacerlo ahora.

"En realidad ya no hay zonas seguras; un proyectil de mortero puede caer en cualquier momento y en cualquier lugar", dice Nader, un miembro del personal del Servicio Jesuita a Refugiados en Damasco.

Pero la vida sigue, hacemos lo que podemos, cuando podemos; la muerte forma parte de nuestra realidad cotidiana. Cada mañana, cuando salgo de mi casa, sé que podría ser la última vez que veo a mi hija".

"La violencia no cesa y los sirios están muy cansados - frustrados y cansados. Necesitamos más presencia internacional que nos ayude, y necesitamos que los que luchan entre sí tengan en cuenta un mínimo de ética humana y respeto por la humanidad. Nos sentimos abandonados", dijo el P. Nawras Sammour SJ, director del JRS Oriente Medio y Norte de África, durante un reciente viaje a los EE.UU.

Presionados por el continuo deterioro de la situación humanitaria en Siria y por el desconcertante impasse diplomático, el JRS está abogando por la paz en este país, que está cansado de la guerra, yendo a los principales centros de decisión en América del Norte, Europa y otros lugares para que escuchen y ayuden a cambiar las cosas. Las actividades de advocacy del JRS se mueven con un mensaje claro: la defensa de una solución negociada que incluya el cese inmediato de la guerra, que no sólo ha desplazado a millones de individuos, sino que ya ha dado como resultado la muerte de más de 110.000 personas.

Nuestra incidencia política arraiga en nuestra presencia sobre el terreno. Los jesuitas, junto con el personal del JRS y voluntarios de diferentes confesiones y orígenes étnicos, están trabajando incansablemente para entregar alimentos y otro tipo de ayuda, asistencia sanitaria, educación y apoyo psicosocial a más de 200.000 personas en el interior de Siria, 115.000 más en el Líbano, Turquía y Jordania. Los servicios del JRS tratan de atender a los necesitados sin importar credo, lo que da credibilidad al trabajo de incidencia que realizamos en su nombre y voz.

"No es porque Dios o la historia nos vayan a juzgar que debemos detener la violencia y el odio, sino porque mi existencia no tiene sentido sin la existencia de mi vecino, independientemente de su nacionalidad, religión u origen étnico" , dijo el P. Ziad Hilal SJ durante una ceremonia reciente en la que la Fundación Stephanus de Frankfurt reconocía la obra de la comunidad de tres jesuitas en Homs a la que pertenece y les premiaba por su papel en la defensa de los derechos humanos de los civiles en esta ciudad y por su fomento de la reconciliación a través de la educación.

Esta firme creencia en una paz verdadera e inclusiva es la piedra angular de nuestra labor de sensibilización, cuyo objetivo es involucrar a la comunidad internacional para que trabaje hacia unos objetivos clave. Nuestra prioridad es promover los esfuerzos diplomáticos y presionar al gobierno y a los grupos de la oposición en Siria para que lleguen a un acuerdo de alto el fuego inmediato y a una solución negociada.

Cualquier proceso debe incluir la participación significativa de los grupos de la sociedad civil que abarque a los diferentes grupos, étnicos y religiosos, para garantizar la protección de la libertad de todos, incluidas las minorías. Sólo este escenario garantizará una paz real e inclusiva.

El juego de la violencia debe terminar. El JRS sigue instando a la comunidad internacional a garantizar la seguridad de las operaciones humanitarias y del personal de las mismas. Una declaración que la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado recientemente sobre Siria es el primer acuerdo alcanzado por este órgano en casi tres años y debería aplicarse con urgencia. En el comunicado, la ONU hace un llamamiento al gobierno sirio a permitir de inmediato la entrega de ayuda transfronteriza y pide a todas las partes en conflicto que se pongan de acuerdo sobre pausas humanitarias en los combates, que incluyan el recorrido de las principales rutas de los convoyes de ayuda.

El JRS pide también un mayor apoyo financiero y técnico a las iniciativas humanitarias de base, ya que estos tienen más posibilidades de llegar a los sirios desplazados más vulnerables.

El JRS pide más apoyo a los países vecinos y a las naciones que generosamente han abierto sus fronteras; sobrecargados por el flujo masivo de refugiados necesitan asistencia para poder ayudar a los refugiados y a las poblaciones de acogida y contrarrestar la amenaza de la creciente xenofobia.

Entre los temas específicos están mantener las fronteras abiertas, asegurar que los campamentos de refugiados cumplan con los estándares internacionales, aumentar el acceso al registro sobre todo para aquellos que no viven en campamentos, y prestar atención a otros refugiados como los iraquíes, sudaneses y somalíes. Una apremiante preocupación de los equipos del JRS sobre el terreno es la protección de los refugiados, especialmente los más vulnerables, frente a la explotación y el abuso.

Al ser la situación en Siria difícil y la paz pueda parecer un sueño lejano, ésta es una razón más para trabajar con tesón para lograrla. Al explicar cómo los equipos del JRS logran seguir sirviendo en medio de tanta violencia y desesperación, el P. Nawras recordó las palabras del mártir salvadoreño jesuita, Ignacio Ellacuría: como cristianos, no podemos decir que nada se puede hacer; al contrario, hay de todo por hacer.

Los proyectos del JRS en Siria ayudan a la sociedad civil a resistir a la lógica de la guerra y a sobrevivir a la violencia que amenaza con socavar y destruir comunidades. Las familias son desplazadas repetidamente, ya sea por la violencia generalizada, como por ser objetivos deliberados. El conflicto también ha causado el colapso de la economía, así como la fuga de cerebros y el éxodo masivo de muchas familias de clase media. Si bien no se trata de un conflicto sectario, la participación de elementos radicales amenaza la hasta ahora convivencia pacífica de las diversas comunidades étnicas y religiosas de Siria.

En el país se ha producido una drástica reducción de los servicios y un aumento continuo en la pobreza. Esta pobreza afecta a todas las comunidades culturales, religiosas y étnicas. Por esta razón, el JRS atiende a todos los grupos marginados: musulmanes suníes y chiíes (incluyendo alauitas) y cristianos. De esta forma, el diálogo interreligioso sigue siendo una parte inherente de las actividades diarias del JRS.

Las actividades de advocacy del JRS representan a nuestros trabajadores y voluntarios en Siria, a sus familias y sus comunidades y a todos los sirios que quieren la paz. "Estamos tratando de ser la voz de esa mayoría silenciosa de sirios que desean un cambio real, que se logrará mediante la creación de un país inclusivo, unificado y justo para todos los hombres y mujeres, sin distinción ni discriminación", dijo el P. Nawras.

La misión de JRS es acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza. Acompañar significa ser compañero. Somos compañeros de Jesús, por lo que queremos ser compañeros de aquellos con los que él prefería estar: los pobres y los marginados. El JRS atiende a los refugiados y desplazados independientemente de su raza, origen étnico o creencias religiosas. El JRS defiende programas y políticas justas y generosas en beneficio de las víctimas del desplazamiento forzoso, de manera que las personas vulnerables por el exilio o el desplazamiento puedan recibir apoyo y protección y conseguir una solución duradera a su difícil situación.

Las actividades de advocacy del JRS son un instrumento que ayudará a cumplir las aspiraciones de nuestros hermanos y hermanas de Siria. Démosle la vuelta al tablero de ajedrez, unamos esfuerzos para convertirnos en una voz para el diálogo y la reconciliación y que nos escuchen alto y claro.

"El JRS me da esperanza. Nos de esperanza a todos. Escuchamos, nos preocupamos de las personas y todavía podemos dar a la gente nuestro tiempo. Y esto tiene un gran valor. Hacemos algo más que dar cosas a la gente, y esa es la diferencia entre nosotros y los demás", dijo un voluntario del JRS en Siria.

Recomendaciones. El Servicio Jesuita a Refugiados insta a la comunidad internacional a:
  • priorizar los esfuerzos diplomáticos y presionar al gobierno sirio y a las fuerzas de la oposición para que lleguen a un acuerdo sobre un alto el fuego inmediato y cooperen para alcanzar una solución negociada del conflicto. Este proceso debe incluir la participación significativa de los grupos de la sociedad civil siria de toda índole social, étnica y religiosa;
  • presionar sobre las partes beligerantes para que se abstengan, en la medida de lo posible, de interrumpir las operaciones humanitarias y / o dañar a su personal y que permitan el acceso sin trabas a los sirios que necesitan asistencia;
  • aumentar sustancialmente el apoyo financiero y técnico a las iniciativas humanitarias de base dirigidas a los sirios más vulnerables de plena conformidad con los principios humanitarios;
  • apoyar a los países de acogida a ayudar y proteger a los refugiados sirios y cooperar con las autoridades para contrarrestar el aumento de la discriminación y la xenofobia.