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Familias desplazadas en Damasco esperan su ración diaria de comida caliente. Como la familia de Tarik, cada una recibe una cesta de alimentos para suplementar el desayuno y la merienda. (JRS Siria)
Damasco, 12 de diciembre de 2013 – Tras haberse visto obligado a huir de Iraq, Tarik* pensó que había encontrado la seguridad para él y su familia en Siria. Pero apenas dos años más tarde estalló el conflicto.

A pesar de la inseguridad en Siria, Tarik cree que es demasiado peligroso regresar a Iraq, un país donde más de 5.000 personas han muerto este año por la violencia sectaria.

Hoy, Tarik vive en Jaramana, un área densamente poblada de Damasco, donde viven iraquíes y sirios, cristianos, drusos y musulmanes. Jaramana es bien conocida por su diversidad, su nivel de vida barato y su vitalidad social. Sin embargo, recientemente hubo un fuerte aumento de la violencia en Jaramana donde los combatientes se enfrentan por el control de los territorios vecinos. Aparte del fuego de morteros, misiles y balas, un coche bomba en octubre provocó la muerte de al menos seis personas en Jaramana.

El testimonio de Tarik. Mi historia es como la de muchas familias iraquíes. Todos somos víctimas de la guerra. Tengo 51 años y soy ingeniero mecánico de maquinaria pesada. Estoy casado, tengo una hija y dos hijos. Mi hijo menor tiene problemas de salud mental debido a los muchos asesinatos que presenció a diario en Iraq.
Fuimos desplazados primero por razones religiosas. Somos una familia suní, pero mi suegra es chií. Así que, en Iraq, fuimos víctimas de persecución por parte de todos debido a la diversidad religiosa de nuestra familia. Salimos del país y buscamos refugio en Siria - como tantos otros iraquíes.

Nos mudamos a un suburbio de Damasco, llamado Harasta, en 2009. Fuimos a la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y nos inscribimos, lo que nos ha permitido ir recibiendo ayudas.
Cuando el conflicto se extendió a Harasta, fuimos desplazados de nuevo. De nuevo huíamos de la violencia. Con la ayuda del ACNUR, dejamos Harasta para ir a uno de los refugios colectivos en la ciudad de Damasco, en 2012. Las condiciones eran muy difíciles allí, así que nos mudamos a Jaramana.

Pero la vida en Jaramana es difícil debido a que el apoyo financiero que recibimos del ACNUR no alcanza para pagar el alquiler y comprar lo básico. Y es peor aún en invierno. No tenemos nada de ropa de invierno o mantas gruesas. El gas para calentar nuestra casa es demasiado caro.

Nuestras dificultades económicas siguen. Ya no puedo trabajar por razones de salud. Es más, sufro de artritis en mis rodillas, y mi familia debe pagar 10.000 libras sirias (75 US$) al mes en medicamentos. La ayuda alimentaria es suficiente, pero la leche, que no está incluida en la cesta de alimentos, se ha convertido en un lujo.

Iraquíes en Siria. La historia de Tarik no es inusual entre los cientos de miles de iraquíes que todavía se encuentran en Siria con muy pocas opciones. Con el cierre de las embajadas europeas y de los EE.UU en Siria, las opciones de reasentamiento para los iraquíes en Siria han quedado en suspenso. Aunque las fronteras vecinas permanecen abiertas, sigue siendo muy peligroso viajar al sur, hacia Jordania, o al norte, hacia Turquía, porque hay que cruzar zonas donde se libran intensos combates.

Los iraquíes no pueden entrar fácilmente en el Líbano, y para muchos no es posible volver a Iraq por la extrema violencia sectaria. Rodeado de conflictos por todos lados y abrumado por los problemas financieros, Tarik y otros no tienen más remedio que permanecer en Siria.

A medida que la región queda eclipsada por el conflicto en Siria, y las agencias humanitarias luchan por cubrir las necesidades más básicas de casi ocho millones de sirios, los iraquíes se han convertido en una población refugiada "olvidada", obligada cada vez más a ganarse la vida en los márgenes de otro conflicto.

*El nombre ha sido cambiado por razones de seguridad

El JRS ofrece, mensualmente, a Tarik y a su familia cestas de alimentos y ropa de verano e invierno para los niños.