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Los niños actúan en un espectáculo como parte de la programación psicosocial del Centro Al Moukhales de Homs, Siria, gestiondo por el JRS. El teatro ayuda a los niños a expresarse y a superar el trauma que han sufrido. Algunos de los niños que asisten a los programas del centro son desplazados internos, mientras que otros son residentes de Homs. (Jesuit Refugee Service)
Roma, 2 de octubre de 2013 - El estallido del conflicto sirio, que comenzó hace más de dos años, ha afectado a alrededor de ocho millones de personas: los precios de los alimentos se han triplicado, hay continuos cortes de energía y la limpieza del agua ha empeorado; mientras que, a su vez, se han destruido de cientos de hospitales, escuelas y hogares. Y, sin embargo, es a través de esta misma destrucción, que podemos ver el verdadero carácter de una persona.

Las hay que se apartan de quienes están en una necesidad desesperada de ayuda. Otras que deciden cuidar sólo de sus seres queridos. Pero luego están quienes van un paso más allá y descubren la clave para lidiar con su dolor. Si bien pueden ser los que más sufren, paradójicamente, utilizan su dolor interior para encontrar la fuerza con que ayudar a los que les rodean. Estos sirios y sirias, impulsados por el amor y la caridad, son los únicos verdaderos ganadores en la guerra.

Héroe para los niños. Claude Semaan es una de estas heroínas. Esta mujer de 30 años ayudó a establecer el Centro Al Mukhales del Servicio Jesuita a Refugiados, un espacio de orientación infantil en Homs, en abril de 2012.

"Es difícil cambiar esta realidad y devolverles su sonrisa y alegría, pero la sonrisa de un niño basta para darnos energía y apoyo", dice Claude.

"Como entonces no había seguridad, comenzamos a trabajar después de un año de vivir encerrados en nuestras casas. Sentíamos miedo y frustración".

El JRS puso en marcha el centro tras el cierre de las escuelas en Homs. Además de las actividades educativas, psicosociales y recreativas en el centro, los estudiantes reciben una comida ligera diaria y las familias reciben mensualmente una cesta de alimentos.

Claude señaló que el equipo tuvo que crear el centro a toda prisa porque ya en los primeros días llegaron unos 100 niños.
"Al principio, no esperábamos ningún niño, pero sólo en el primer día nos sorprendió alcanzar los 64 inscritos y los 95 al día siguiente", agregó.

Claude explicó que el centro decidió utilizar más aulas al tercer día, aunque dudaban de que tantos niños pudieran asistir por culpa de la violencia.

"Estábamos asustados y sentimos que no teníamos suficiente experiencia, pero había una gran energía dentro de nosotros", subrayó.

Educación bajo las bombas."Un día nos despertamos con el estruendo de los bombardeos y los disparos. Las líneas telefónicas habían sido cortadas. Así que fui al monasterio temiendo que algunos niños vinieran y no encontraran a nadie allí", recuerda.

En cambio, Claude encontró a todos los voluntarios y a 82 niños preparados para las clases. Cuando se preguntó a los niños por qué habían venido, estos le respondieron que habrían ido "aunque los proyectiles volaran sobre nuestras cabezas".

"Aun cuando es realmente peligroso, aprovechamos para ir a los refugios antiaéreos y cantar a todo pulmón hasta el cese de los combates. Tenemos una gran responsabilidad porque la escuela es un lugar de alegría y de paz".

La superación de un trauma. Claude, que se especializó en orientar a estudiantes universitarias, describió el estado mental de los niños como "muy malo" cuando llegaban al centro.

"En cierta ocasión, cuando le preguntamos a un niño el nombre de su calle, respondió: 'Yo vivo en la calle de la muerte' y, cuando, por primera vez, pedimos a los niños que bosquejaran cualquier cosa que se les pasara por la cabeza, dibujaron tanques, armas y personas muertas".

Incluso las canciones que los niños cantaban trataban sobre el conflicto y el régimen. Era difícil enseñarles canciones sobre la vida y el amor.

Sin embargo después de un año, ella cree que ahora están en un estado mental mucho mejor, dibujan el arco iris y cantan canciones más bonitas.

Desde su creación, el centro ha prestado asistencia humanitaria a más de 500 familias en el área metropolitana de Homs, además de proporcionar educación y apoyo psicosocial a casi 900 niños.

Con el deterioro de la situación humanitaria, el JRS tiene previsto ampliar la asistencia - comida, ayudas al alquiler y servicios de salud - a otras 3.000 familias en la ciudad. También se ampliará el apoyo escolar y las actividades psicosociales a unos 1.000 niños más en cuatro centros, entre ellos el de Al Mukhales.

Gracias a estar unidos, los voluntarios del JRS se enfrentan a su dolor ayudando a otras personas con mayor necesidad. Convencidos de que sólo ofrecen un apoyo mínimo, en realidad, la transformación de su dolor tiene un poderoso impacto.

Wael Salibi , JRS Internacional