via todas las campanas


Restos de un proyectil de mortero que cayó en un parque público de Abu Rumaneh, un barrio acomodado de Damasco, en noviembre de 2012. © Heba Aly/IRIN
Damasco, 7 de septiembre de 2013 – Mientras el Papa Francisco celebre una vigilia por la paz esta tarde en la plaza de San Pedro de Roma, los habitantes de Damasco se enfrentarán a otro día de miedo, violencia e incertidumbre ante un conflicto que, por momentos, crece en ferocidad.

Este no ha sido un verano corriente para los habitantes de Damasco. Con la intensificación de los combates en los alrededores de la ciudad, proyectiles de mortero, misiles, bombardeos, explosiones y balas perdidas se han convertido en parte de la vida cotidiana en el centro de la ciudad.

En medio del nerviosismo y del peligro causado por los combates y el miedo provocado ante la incertidumbre de posibles ataques militares de potencias extranjeras en respuesta a las denuncias del uso de armas químicas, la tensión se ha elevado en Damasco.

En la última semana, la frontera sirio-libanesa ha sido testigo del gran aumento de sirios que tratan de cruzar la frontera hacia el Líbano. Esta semana, la cifra de refugiados de Siria superó los dos millones, es decir casi el 10 por ciento de la población de Siria. En comparación, una proporción equivalente de los refugiados de España sería de más de 4 millones de personas.

Para los que permanecen en Damasco, la vida continúa a pesar de la incertidumbre.

"En realidad, ya no hay ninguna zona segura, una granada puede caer en cualquier momento y en cualquier lugar", dice Nader*, un miembro del personal del JRS en Damasco.

"Pero la vida sigue, hacemos lo que podemos, cuando podemos, la muerte se ha convertido en nuestra realidad cotidiana. Cada mañana, cuando salgo de mi casa, puede ser la última vez que vea a mi hija".

Los precios de los artículos de uso diario - pan, frutas, verduras y productos lácteos - son exorbitantes para los sirios, y cada vez son más las familias que necesitan ayuda en forma de canastas de alimentos. La asistencia médica para las personas que sufren de enfermedades crónicas sigue siendo un tema de preocupación para el JRS ya que el sistema de salud en Siria es inexistente.

La revista médica británica The Lancet señalaba la semana pasada que "la interrupción de los servicios rutinarios de salud para los niños, las mujeres, y los que dependen de un suministro regular de medicamentos y servicios de salud... causará inevitablemente un aumento sustancial de la mortalidad evitable. La crueldad de la destrucción del sistema de salud es una de las tragedias más grandes de Siria hoy en día".

Actividades de verano del JRS. En julio, se distribuyó ropa en Bab Touma, en el centro del Servicio Jesuita a Refugiados de San Alberto Hurtado. Cada niño recibió un par de pantalones vaqueros (jeans) y dos camisetas.

"Lo distribuimos a 1.750 niños cuyas familias han sido desplazadas, algunas de ellas en más de una ocasión. Las familias desplazadas no son sólo sirias, también las hay iraquíes y de otras nacionalidades que se encuentran atrapadas dentro del país, por una u otra razón, y también están en necesidad de ayuda".

La distribución de ropa se llevó a cabo durante cuatro días y fue posible gracias a 65 voluntarios que habitualmente colaboran en las actividades del JRS en Bab Touma. La valentía y la dedicación de la red de voluntarios del JRS en toda Siria es notable.

La vida en Rif Dimashq. En muchas áreas clasificadas como Rif Dimashq (campamentos o suburbios de Damasco) las condiciones de vida se han deteriorado drásticamente con la intensificación de los combates. La escasez de agua y electricidad son habituales; a veces, el agua está cortada durante 48 horas. Aquí hay que comprar el agua potable. El desplazamiento de personas de estas áreas es alta ya que las familias huyen en busca de lugares menos peligrosos.

En el área de Jdaydeh Artouz – en las afueras de Damasco – se organizaron actividades de verano para niños de cuatro a 14 años que viven en refugios colectivos. Todos los días, durante tres horas, 120 niños participaron en actividades deportivas, teatrales, artísticas, musicales y artesanas.

"El objetivo de las actividades de verano no es sólo entretener a los niños, sino también ayudarles a hacer frente a las consecuencias psicológicas del conflicto. Se centró en el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas de los niño, a la vez que también brindó a los adultos la oportunidad de ayudar como voluntarios".

El JRS también cuenta con dos cocinas de campaña en Rif Dimashq, proporcionando 4.285 comidas calientes al día. Estas comidas se distribuyen a las personas desplazadas que viven en refugios, edificios abandonados, o viviendas provisionales que no cuentan con los medios necesarios para preparar su propia comida casera.

"Hay una sensación de desesperanza entre los sirios, y en Damasco el sentimiento es de gran temor, porque nadie sabe lo que va a ocurrir a continuación".

Usted puede apoyar al JRS en Siria