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Hiba juega en un columpio improvisado en un pequeño patio al lado de su apartamento en un barrio de Ammán, donde la inseguridad le impide abandonar los confines de su casa, Ammán, Jordania (Dominik Asbach).
Ammán, 31 de enero de 2013 - A pesar de que la casa de Fátima y Mahmoud es humilde, con dos habitaciones, una pequeña cocina y un baño, el ambiente es alegre. Las paredes están cubiertas por una capa de pintura blanca, que hace que las habitaciones se vean más brillantes. Adornando una de las paredes del salón están las fotos de sus cuatro hijos, junto a dibujos realizados por ellos mismos. Fátima, tímida, nos brinda una bienvenida a su casa y, al sentarnos, nos acomoda unos cojines detrás de la espalda.

Su marido, Mahmoud, llama a su hija menor, Hiba, que está en la habitación contigua. Ella, cautelosamente, entra en el salón, agarrando un bolso en el que parecía guardar todas sus posesiones. Sus ojos son graves, no parece que tenga apenas cinco años.

Hiba pronto se siente cómoda con nuestra presencia en su casa, y mientras permanece junto a Fátima, sonríe y ríe ingenuamente, mientras hablamos con sus padres. Sus otros hermanos – todo chicos - están en la escuela. Le pregunto a Fátima si sus hijos se sienten felices en la escuela.

"Ellos se sienten felices de estar aprendiendo, pero les resulta difícil hacer amigos", respondió.

Este es un sentimiento habitual entre los refugiados sirios en Ammán, pero se matiza de una familia a otra dependiendo del barrio o de la escuela.

Mahmoud interviene diciendo que no deja que Hiba vaya a la tienda que hay debajo de la calle porque los otros niños se ríen de ella por ser una "niña siria". El barrio donde viven - Mukhayma Al Hussein - es una de los más duros de Ammán, con altos niveles de desempleo y malas condiciones de vida. Los adolescentes, sin nada que hacer, a menudo merodean por las calles, en general acosando a los transeúntes que no son locales.

Sentirse aislado. Nacidos cerca de Damasco, Mahmoud y Fátima se vieron obligados a abandonar Siria cuando su pueblo se hizo demasiado peligroso para seguir allí. Primero huyeron a la ciudad de Damasco y después a Jordania. Hace diez meses que salieron de su hogar hace 10 meses. Fátima nos explicó su viaje.

"Para nosotros fue difícil venir aquí. Las autoridades sirias nos impidieron pasar la frontera en cuatro ocasiones. Finalmente conseguimos una carta de un óptico en Damasco diciendo que nuestro hijo tenía que ir a Jordania para operarse de la vista. No era cierto, pero teníamos que hacerlo para salir", dijo.

Hiba pronto se cansa de nuestra conversación adulta y se va fuera al pequeño patio en el que Mahmoud ha colocado un columpio. Hiba va como loca por ese pequeño espacio, como único "juego" mientras que sus hermanos están en la escuela y ella está sola en casa.

Uno de sus hermanos - Marwan - vuelve a casa de la escuela en ese momento, y habla sobre su vida escolar. Al igual que Hiba, se muestra tímido ante los adultos, pero se relaja cuando empezamos a hablar con él sobre su vida.

"Se está bien aquí, ir a la escuela, aprender cosas nuevas. Pero echo de menos a mis amigos en Siria, y siento que en esta escuela no me quieren. Pero está bien, mis hermanos están ahí".

Soñando con el futuro. Mahmoud todavía tiene que encontrar un empleo a pesar de que lo intenta cada día. Cuando le pregunto qué quiere para el futuro de Siria, hace un gesto interrogante, sin dirigirse a nadie en particular, con una mirada de preocupación en su rostro.

"Quiero vivir en Siria libremente, donde se respeten todas las religiones, un lugar donde se permita a todo el mundo profesar su propia religión - judios, cristianos, musulmanes -. Si una vez fue así, ¿por qué no podemos vivir así de nuevo?", se pregunta. 

De confesión suní, Mahmoud recuerda la tolerancia religiosa y la forma de vida a la que estaba acostumbrado en Siria. Pero el tejido social se está deteriorando rápidamente por el conflicto.

"Quiero una Siria que esté abierta al mundo. No un país cerrado y aislado, y ahora estábamos empezando a abrirnos y ahora podríamos perderlo todo", continúa.

Sin embargo, Mahmud es realista. Añade que si esta manera de vivir no es posible y si no pueden regresar a Siria, quiere vivir con su familia en otro lugar. Dónde es una pregunta que nadie puede responder por el momento. La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) aún no ha abierto la opción del reasentamiento en un tercer país para los sirios.

Antes de irnos, Nawal, un miembro del equipo de visitas familiares del JRS, invita a Fátima, Mahmoud y a sus hijos a una reunión social organizada por el JRS. Las reuniones sociales ofrecen la oportunidad de que los refugiados conozcan a otras familias que han pasado por el mismo trauma del desplazamiento, y que también tienen las mismas dificultades para adaptarse a su nuevo entorno.

Acercar a la gente en un ambiente relajado es una manera de reducir su sensación de aislamiento en una gran ciudad como Ammán, y ayuda a las comunidades a crear nuevas redes de apoyo.

Zerene Haddad, responsable de comunicación del JRS Oriente Medio y Norte de África