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Muchos niños no han podido asistir a la escuela durante casi un año debido al conflicto. Para ellos, el JRS ofrece actividades educativas que les ayuden a recuperar la normalidad a sus vidas, Alepo, Siria (Avo Kaprealian y Sedki Al Imam/JRS)
Ammán, 11 de octubre de 2012 – Las balas perdidas suelen  caer en el suelo de la nueva cocina abierta por el JRS en la norteña ciudad siria de Alepo; sin embargo, a pesar de aumento de los problemas de seguridad, los equipos del JRS pudieron ampliar su pequeña, pero concreta, asistencia a las personas atrapadas en esta crisis.

"Nuestra cocina de campaña vuelve a funcionar. Tuvimos un primer día sorprendentemente suave", cuenta  entusiasta un voluntario del JRS, el ciudadano sirio Sami -  en una de las pocas ocasiones en que pudo chatear online – refiriéndose a la cocina que fue trasladada después de su cierre por unos días a finales de septiembre.

Aquello tal vez fuera una bendición disfrazada, porque el traslado significó que esta operación, que en un principio tenía previstas 5.000 comidas calientes al día, al trasladarse a un lugar más amplio pudo aumentar el número de comidas por día hasta las 10.000, y a su vez ha permitido una disminución de la agitación durante las horas de distribución. Además, la Media Luna Roja Siria Árabe y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, afortunadamente han podido prestar apoyo a la cocina lo que ha permitido una mayor capacidad de respuesta a las necesidades de la gente.

Refugio. Durante el verano, se concedió el permiso oficial para que las escuelas se utilizaran como albergues temporales. Eso permitió que miles de desplazados internos se trasladaran a 30 escuelas de Alepo desde los parques públicos, donde hasta entonces habían buscado un lugar seguro. Sin embargo, estas instalaciones ya no pueden albergar al creciente número de personas vulnerables que hoy en día necesitan refugio.

"Estamos viviendo un fuerte aumento del desplazamiento interno. En los últimos diez días, los parques se han vuelto a llenar", dijo Sami en un esfuerzo por explicar la situación sobre el terreno.

La semana pasada, uno de los seis centros de acogida (una antigua escuela), de los que era responsable el JRS, fue evacuado por las fuerzas de seguridad, provocando de nuevo el desplazamiento de las personas que ya habían sido expulsados de sus hogares.

"Una parte de la principal carretera de circunvalación de Alepo está llena de gente deambulando sin rumbo", continúa Sami.

A medida que la guerra se extiende por toda la ciudad, los desplazados se hacinan en las pocas zonas que no están bajo el constante bombardeo. Ante la actual escasez de agua y electricidad, pocas veces es posible asistir a todas las personas necesitadas y a largo plazo la ayuda no se podrá sostener.

"Como resultado de los combates, pocos lugares son seguros en Alepo y muchas personas han quedado aisladas. Con la proximidad del invierno, que aquí, en Alepo, es particularmente duro, y con sus casas destruidas, ¿dónde se refugiarán las familias?", se pregunta el director del JRS para Oriente Medio y Norte de África, Nawras Sammour SJ.


La destrucción de cerca. Tampoco el JRS se ha librado de la ola de destrucción. En septiembre, el centro del JRS de Deir Vartan fue escenario de combates entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales. Unas semanas antes, el JRS había trasladado afortunadamente sus servicios a otros lugares preocupado por la situación de seguridad. Gracias a ello, no hubo heridos entre el personal durante los ataques, pero aún no se sabe con exactitud cuándo podrán volver a regresar a Deir Vartan.

El que fuera un lugar en el que los refugiados iraquíes y los sirios desplazados vinieran a aprender y a crecer juntos y a rehacer sus vidas y sus comunidades, Deir Vartan, ha quedado en gran parte reducido a escombros. Pero a pesar de que el edificio haya quedado seriamente dañado, el espíritu de Deir sigue dentro de las personas.

Pase lo que pase en el futuro, lo único cierto es que voluntarios como Sami seguirán trabajando con el JRS respondiendo de la forma más flexible y eficaz posible. Nuestra conexión con los jesuitas locales y las redes informales de apoyo de los cristianos y los musulmanes sobre el terreno nos ayudará a llegar a las familias que lo necesitan. Por desgracia, esta asistencia, aunque esencial - no es más que un grano de arena en la playa.

A medida que la destrucción continúa, las necesidades crecen. Sin señales a la vista de una solución pacífica, las perspectivas parecen sombrías para la seguridad y la amenaza de un duro invierno preocupa a las personas desplazadas de sus hogares. Independientemente de la capacidad del JRS de ayudar a estas personas a encontrar comida y refugio, no habrá solución hasta que el entorno permita el fin de la violencia y la negociación de una paz duradera.

Zerene Haddad, Director de Comunicación del JRS en Oriente Medio y África del Norte