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Una joven madre durante las clases de alfabetización en la escuela agrícola del JRS en Kibimba, Burundi (Danilo Giannese / JRS)
Bujumbura, 10 de julio de 2012 - Desde el final de la guerra civil en 2005, cientos de miles de refugiados han regresado a casa desde el exilio en Tanzania. La terriblemente alta densidad de población, la pobreza y las tensiones han hecho que los brotes de violencia étnica entre comunidades sean frecuentes.

Fortalecer el papel de la mujer y reducir la inseguridad alimentaria ha sido durante mucho tiempo la estrategia del Servicio Jesuita a Refugiados en Burundi.

El último componente de esta estrategia ha sido la creación de la escuela agrícola del JRS para mujeres, que ofrece cursos de técnicas agrícolas y ganaderas, clases de alfabetización y educación cívica. A finales de junio, 144 mujeres concluyeron el primer semestre, y ya se palpaba el deseo de las alumnas de fortalecer la solidaridad entre las comunidades y promover la cooperación pacífica entre los refugiados retornados y las comunidades locales.

Esperar tanto en tan poco tiempo sería imprudente. Los desafíos que enfrentan los burundeses que tratan de construir un futuro estable son inmensos. Sin embargo, después de sólo unos pocos meses en la nueva escuela agrícola del JRS, estas mujeres del pueblo de Kibimba son claramente más conscientes de su potencial como sostén de la familia y como defensoras de la paz.

"Las mujeres somos las que siempre trabajan en los campos. Somos nosotras las que siempre ponemos la comida sobre la mesa en el hogar. Aquí he comprendido lo importante que es nuestro papel, tanto en la familia como en la comunidad. Y ahora además puedo leer y escribir Podría convertirme en consejera local y contribuir en la resolución de conflictos entre vecinos de la aldea. Creo que las mujeres tenemos la capacidad de ayudar a que la comunidad se una en solidaridad y en paz", dijo Cirile Ndabarushimana, una joven de 18 años, que participó en el proyecto.

Coexistencia pacífica. En los últimos años, miles de refugiados burundeses han vuelto sus hogares en Rutana, la provincia donde está situada la escuela. Para evitar el estallido de conflictos de tierras entre los recién llegados y la población local, el JRS puso en marcha un proyecto de seguridad alimentaria en Giharo, que se cerrará antes de finales de 2012, tras cuatro años funcionando.

La escuela agrícola busca consolidar el progreso local realizado en el ámbito de la seguridad alimentaria, y las consiguientes buenas relaciones entre las comunidades, ayudando a las mujeres locales a fortalecer sus capacidades. Esto incluye tanto la enseñanza de modernas técnicas agrícolas y de cría de los animales, como ofrecer educación, darles a conocer sus derechos y métodos de gestión de la familia.

"Para mí aprender a leer y escribir y tener nociones de aritmética significa llegar a ser consciente de mi potencial, algo que antes había ignorado. Me siento más fuerte y también veo que mi esposo y los vecinos tienen una mejor opinión de mí", dice  Niyonzima Odette, de 25 años.

"Ahora he mejorado mis habilidades para mantener saludable el hogar, conocí maneras de cuidar de los animales sin molestar a los vecinos y a ser responsable de la educación de mis hijos. Y todo esto es un ejemplo para las demás, que ya me pidieron que les enseñara todo lo aprendido", agregó.

Resolviendo conflictos entre vecinos. Odette explica que ella también ha adoptado un papel más decisivo en la comunidad.

"El aumento de las tensiones y el estallido de conflictos ocurren con frecuencia entre nosotros, sobre todo entre los antiguos refugiados y los habitantes locales. Las personas se acusan mutuamente por las razones tan banales, como que una familia tiene a sus animales fuera de su casa y eso molesta a sus vecinos. Los vecinos se sienten abrumados por un odio que surge sin ninguna razón. Quiero trabajar para garantizar que la paz reine y que en momentos de tensión, podamos sentar a las partes en torno a una mesa y examinar la situación en conjunto. Yo trato de hacer prevalecer la razón y que lleguen a un acuerdo de una manera muy sencilla", cuenta Odette.

Al asistir a los cursos del JRS, Denise Sindayihebura, de 23 años de edad, ha hecho amistad con mujeres de otras comunidades.

"Antes, yo siempre estaba en casa, sola, encerrada en mí misma. Ahora comparto y hablo de cosas con otras mujeres como yo. Me siento más abierta y ya no desconfio de alguien porque él o ella sea un ex refugiado o de otra comunidad de la colina. Tengo ganas de salir y conocer nuevos amigos", dice Denise.

Las estudiantes de la escuela agrícola del JRS también han decidido crear algunas asociaciones de mujeres, tanto miembros de la comunidad local como ex refugiadas, para cultivar la tierra y poner en práctica lo que han aprendido y aumentar sus cosechas.

"Queremos ser un ejemplo para nuestros vecinos. Al vernos juntas van a entender que una comunidad más unida y cohesionada es un lugar en el que es más fácil vivir. Si estamos juntas y dejamos de lado los conflictos, vamos a ser una comunidad más fuerte", dice convencida Denise.

Si la superación de los retos de futuro significa construir las bases para la estabilidad, entonces se puede aprender mucho de la riqueza de los recursos humanos disponibles entre las mujeres de Kibimba.

Danilo Giannese, responsable de advocacy  y comunicación del JRS Grandes Lagos de África