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Yo también soy Italia. Elvis Koloko, originario de Camerún, ha vivido y trabajado en Italia desde 2007, pero no se le permite votar según la actual legislación, Roma, Italia (Chiara Peri/JRS)
Roma, junio de 2012 – Acompañar a los inmigrantes forzosos en Italia significa, por encima de todo, compartir sus muchas experiencias de exclusión formal e informal, y enfrentarse a la falta de hospitalidad con la que se encuentran en su día a día.

La burocracia es la forma más estructurada de racismo contra los inmigrantes forzosos que existe en este país, al brindar cobertura legal a la hospitalidad negada. A cada paso, se les recuerda que no pertenecen aquí y se les hace sentir ajenos a la comunidad de ciudadanos.

Un ejemplo de la manera en que las actitudes de no acogida se convierten en práctica oficial es el concepto “Ciudadanos no comunitarios”. Una fea etiqueta, cuyo uso diario acarrea connotaciones extremadamente negativas, que sigue pegada a la persona incluso tras ser reconocida su protección internacional. Ésta puede seguir a pesar de que él o ella siga pagando sus impuestos durante años y, en algunos casos, incluso cuando la persona ha nacido en nuestro país.

La concepción moderna de ciudadanía nació a finales del siglo XVIII como fórmula para eliminar la discriminación por razones de pertenencia a una clase social. Fue una expresión de igualdad; esto quiere decir que 'todos somos ciudadanos'. Paradójicamente, en el mismo período en el que la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconocía los derechos de todas las personas, la ciudadanía se convirtió en un efectivo instrumento de discriminación en muchos países, incluida Italia, más que de igualdad.

En el 150 aniversario de la unificación italiana, el JRS Italia, junto a otras diecinueve organizaciones de la sociedad civil, puso en marcha una campaña nacional, 'Yo también soy parte de Italia', para hablar de los derechos de la ciudadanía y condenar públicamente la injusticia actual. La campaña ha recogido 200.000 firmas en favor de dos iniciativas legales: la reforma de la ley de ciudadanía, y el derecho de los extranjeros a votar en las elecciones locales.

Un sistema disfuncional. La actual legislación para la ciudadanía es una interpretación injusta e inadecuada de la realidad en este país, en el que la comunidad local ha sido tanto multicultural como multiétnica durante años. Esta concepción anacrónica de ciudadanía, vinculada casi exclusivamente a la ius sanguinis, el derecho de sangre, es causa de confusión y de inconsistencia legal, incluso en situaciones donde una persona está total y felizmente integrada.

Para los niños nacidos en Italia, hijos de padres extranjeros, o para aquellos que han llegado aquí a muy temprana edad, es imposible adquirir la ciudadanía automáticamente. Aunque estos niños han crecido en Italia, van a nuestras escuelas y hablan nuestro idioma y nuestros dialectos, a los 18 años deben seguir el mismo trámite burocrático que los inmigrantes adultos para poder convertirse en ciudadanos.

El triste resultado de esta práctica es que en un momento de sus vidas, más de 600.000 adolescentes descubren dolorosamente que no son italianos, y que deben convivir con el repentino sentimiento de ser extranjeros en un lugar al que una vez llamaron su hogar. Junto a la obligatoriedad y el papeleo burocrático de renovar los permisos de residencia – sólo muy familiar para aquellos que ya han pasado la experiencia – actividades como ir de viaje de estudios al extranjero o ser elegidos para competiciones atléticas nacionales se convierten de repente en sueños que se desvanecen.

Aunque las elecciones locales se celebraron en muchos municipios en toda la nación los pasados 6 y 7 de mayo, no todos los que viven aquí pudieron votar. Más de 3,2 millones de ciudadanos no comunitarios que residen permanentemente en el país, un 5,3 por ciento de la población, no están representados por las administraciones locales que gobiernan las ciudades en las que viven, estudian, trabajan y colaboran en su desarrollo económico y social. Ciudadanos que residen legalmente no tienen el derecho a votar.

En 1992, el Consejo de Europa adoptó la Convención sobre la Participación de Extranjeros en la Vida Pública y en el Ámbito Local. El capítulo C de este texto obliga a los estados signatarios “a garantizar a cada residente extranjero el derecho a votar y a ser elegido en las elecciones locales, siempre y cuando cumpla los mismos requisitos legales aplicables a los nacionales y que además, haya residido legal y habitualmente en el estado en cuestión durante los cinco años anteriores a las elecciones.

Aunque Italia ratificó la convención el 8 de marzo de 1994, todavía no se ha aplicado en su totalidad. Sólo los capítulos A y B se han implementado: los referidos a las libertades de expresión, reunión y asociación, y al establecimiento de organismos consultivos para representar a los residentes extranjeros en el ámbito local. Se hizo una salvedad al capítulo C. El principio fundamental de plena participación en la vida pública y en el ámbito local – el derecho a votar y a ser elegido en elecciones locales – quedó excluido.

Defendiendo a nuestros vecinos. Según las estadísticas publicadas por la Fondazione Migrantes de Cáritas Italiana en enero de 2010, más de cinco millones de personas de origen extranjero, el ocho por ciento de la población, viven en Italia. De esta cifra, aproximadamente el 50 por ciento son niños y adolescentes, la mayoría de los cuales han nacido en el país. Ellos y sus familias se enfrentan a limitaciones insalvables que perpetúan la injusticia, la desigualdad y la discriminación.

El artículo tercero de nuestra constitución establece el principio de igualdad entre individuos, pidiendo que el estado se comprometa a eliminar las barreras que impiden el total logro de este objetivo. Para millones de residentes, este principio ha sido despreciado.

La campaña 'Yo también soy parte de Italia' ha dado voz a los muchos italianos que consideran la igualdad un valor fundamental en cualquier democracia, y ven la decisión de convertirse en ciudadano como una decisión que apreciar y valorar. El JRS Italia comparte plenamente la convicción de que la lucha por el reconocimiento de los derechos de todos los ciudadanos es decisiva para nuestro futuro como país. Todos debemos asumir esta responsabilidad y trabajar para que Italia se convierta en un país más abierto, acogedor y civilizado.

Hasta que el Parlamento examine los proyectos de ley presentados por los ciudadanos, continuaremos trasladando estos temas urgentes al debate público. Vamos a seguir incidiendo en las autoridades, fuerzas políticas y sociales en el mundo del trabajo y de la cultura, así como en todos aquellos que viven en Italia.

Todos deberían jugar un papel constructivo en la construcción de un futuro basado en la coexistencia, la justicia y la igualdad, donde cada individuo nacido y que viva en nuestro país sea bienvenido y acogido como parte de la comunidad.

Chiara Peri, responable de programas del JRS Italia