Nuestra visión para el JRS
En 1980, profundamente impactado por el clamor de miles de boat people vietnamitas, que huían de las secuelas de la guerra en su país, el P. Pedro Arrupe, entonces Superior General de la Compañía de Jesús, se sintió interpelado a actuar. Hizo un llamamiento a los jesuitas a "brindar al menos una ayuda a esta trágica situación". Y así nacía el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), como nuestra respuesta global a la crisis de los refugiados en Asia.

Hoy, seguimos invitados por el P. Arrupe y San Ignacio, el fundador de los jesuitas, a velar por el mundo de una manera profundamente espiritual. Vemos personas "de indumentarias y costumbres muy diversas: unos blancos, otros negros, unos en paz, otros en guerra, unos que lloran, otros que ríen, unos que tienen salud, otros enfermos, unos que nacen, otros que mueren" (San Ignacio, Ejercicios Espirituales).

Vemos un mundo cada vez más pequeño gracias a la movilidad y a unas mejores comunicaciones. Pero mientras los bienes y los capitales pueden moverse libremente en un mercado global, no ocurre lo mismo con la gente. Siguen habiendo muchas divisiones raciales, culturales, religiosas, políticas y económicas, y fronteras; la brecha entre ricos y pobres se amplía.

Debido a unas estructuras injustas, la cuarta parte de la humanidad vive en los márgenes, luchando por su supervivencia y por mantener su dignidad. Los conflictos brotan a medida que la gente pugna por su parte de unos recursos cada vez más escasos. Al vivir en medio de una sociedad desintegrada en países con estados fallidos, tienen poca seguridad, mientras la degradación ambiental y el cambio climático se presentan como nuevas amenazas.

Ya excluidos de los beneficios de los avances económicos y tecnológicos, los pobres son las víctimas de las guerras por los recursos, del cambio climático y de los estados en quiebra. Y es el pobre el que termina siendo desplazado de su hogar por la fuerza. Más de 15 millones de ellos son refugiados y más de 25 millones están desplazados dentro de su propio país. Los mayores desplazamientos, hoy en día, se dan en África, Oriente Medio y Asía Central. La gente de fe y cultura islámica forman más del 70% de todos los desplazados forzosos.

La mitad de los refugiados de todo el mundo permanecen ‘invisibles’ en áreas urbanas. Los refugiados y los solicitantes de asilo se encuentran con muros cada vez más altos y fronteras de exclusión en Europa y en otras partes del mundo desarrollado. Se les niega el derecho a la protección en un entorno cada vez más hostil a los inmigrantes y refugiados. Su desesperación es una amenaza al futuro de nuestro mundo. A nosotros – jesuitas, laicos y religiosos que trabajamos con el JRS – nos impacta la realidad del desplazamiento forzoso. Durante los pasados treinta años, el JRS ha caminado con los desplazados acompañándolos, sirviéndoles humildemente y defendiendo la justicia y su derecho a ser protegidos.

Cuando miramos los retos de los años que vendrán, nos apoyamos en nuestra fe y en nuestros valores espirituales. Como organización católica y como uno de los trabajos de los jesuitas, nos movemos inspirados por el ejemplo de Jesús y su compasión y el amor por los pobres. Dada la magnitud de los desafíos, el JRS necesita ser una organización internacional más unida y más fuerte.

Mientras estamos planificando para los años que vendrán, seguiremos sirviendo a los refugiados que viven en los márgenes de la humanidad. Trabajaremos para superar las fronteras y divisiones geográficas, raciales, culturales y religiosas. Lo haremos con compasión y amor, lo que nos permite involucrarnos con personas de todas las razas, culturas y religiones de una forma abierta y respetuosa.

Aunque de naturaleza pragmática, nuestro servicio es, a la vez, espiritual, promoviendo la esperanza y la reconciliación.

Creemos que la educación, aprender juntos y compartir conocimientos son ingredientes vitales para alimentar la esperanza de la gente.

Nuestro sueño es el de un mundo sin fronteras, sin divisiones ni desplazamiento forzoso, donde la gente pueda moverse libre y segura, un mundo donde el valor de la hospitalidad se amplíe a todas las personas.

Peter Balleis SJ
Anterior Director Internacional
Servicio Jesuita a Refugiados