Temas prioritarios


  • Seguridad alimentaria
  • Reconciliación
  • Educación
  • La violencia sexual
Seguridad alimentaria

Trágico. Demasiados refugiados y desplazados que viven en campamentos y centros atendidos por organizaciones humanitarias nacionales e internacionales, viven literalmente "al día". Tener comida depende de la capacidad y la puntualidad de la ayuda recibida de unas pocas naciones donantes que han respondido a su llamada… que es una más de entre los diversos llamamientos urgentes y que debe competir con las nuevas crisis.

La mayoría de la gente encontraría que las raciones alimentarias estándar de 2100 Kcal. Diarias – a base de solo granos, sal y algo de aceite,–  escasas y monótonas, en el mejor de los casos; y aún así, demasiado a menudo, el actual y caprichoso sistema de suministro de alimentos rompe la línea de distribución de alimentos, con lo que durante un período de tiempo ya no están disponibles uno o más productos básicos necesarios ni siquiera para cubrir los mínimos nutricionales.

La inseguridad alimentaria crónica no sólo conlleva la miseria inmediata provocada por el hambre, sino también la malnutrición y una mayor vulnerabilidad a las enfermedades. Esto es especialmente cierto entre las personas más frágiles: los más jóvenes y los más viejos, las mujeres embarazadas y lactantes y aquellos con problemas en los sistemas inmunológicos. Los recortes en alimentos, aunque sean por períodos relativamente cortos, pueden generar deficiencias en los niños y niñas, con graves consecuencias permanentes para su desarrollo físico y mental. Las niñas malnutridas tienen más posibilidades de, en el futuro, morir al dar a luz debido a su débil desarrollo físico. Los niños malnutridos tienden a abandonar precozmente la escuela y tienen un mayor riesgo de ser víctimas de abusos y explotación, a la vez que de ser reclutados como niños soldados. Algunas mujeres, desesperadas por alimentar a sus familias se ven incluso obligadas a comerciar con su cuerpo a cambio de comida, lo que contribuye a la propagación de enfermedades de transmisión sexual, así como a una pérdida de su dignidad humana. Por su parte, muchos hombres se involucran en actividades de riesgo para conseguir comida para sus familias. A menudo, los refugiados y desplazados que se enfrentan a recortes alimentarios sienten que no tienen más opción que la de abandonar los campamentos e ir en busca de oportunidades para subsistir sin los documentos de viaje adecuados, convirtiéndose en "transeúntes irregulares", con el riesgo de ser arrestados y encarcelados o de caer víctimas de los traficantes de personas y contrabandistas.

En las situaciones prolongadas de refugio, cuando la respuesta de los donantes se debilita, donde se considera que ya se ha alcanzado una integración parcial, o desde el momento en que las autoridades quieren fomentar la repatriación, se instituyen los recortes permanentes de las raciones. El recorte prematuro de éstas pone a los refugiados ante la cruda elección de permanecer en el país de acogida sin la alimentación suficiente o bien regresar a su país de origen demasiado pronto. Algunos refugiados se verían obligados a volver a situaciones en las que sus vidas corren riesgo, ya sea por las condiciones de seguridad o porque no se ha llegado a los acuerdos necesarios para asegurarles medios de subsistencia a su regreso. Estas repatriaciones bajo coacción tienen muy poco de duraderas. La gente forzada a retornar en estas condiciones frecuentemente vuelve a huir. La misma dinámica sirve para los desplazados obligados a volver a sus lugares de origen por falta de alimentos en el lugar de refugio.

Recomendaciones clave

  • Los donantes deberían priorizar los llamamientos del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) para los refugiados y desplazados, y responder a sus demandas completa y puntualmente. Se debería continuar suministrando suficientes alimentos a las poblaciones en situación de refugio prolongado hasta encontrar soluciones duraderas.
  • Los gobiernos de acogida deberían promover oportunidades para que los refugiados y desplazados se impliquen en actividades de subsistencia y así poder elaborar o comprar alimentos. Esto incluye el derecho legal al trabajo, la libertad de movimiento para buscar empleo, el acceso a la tierra, a los insumos agrícolas y a los mercados.
  • Los gobiernos de países donantes deberían ayudar a los gobiernos de países de acogida mediante una adicional asistencia humanitaria y para el desarrollo en las áreas de acogida de refugiados y desplazados, posibilitando así el desarrollo de las oportunidades de autosuficiencia tanto para refugiados, desplazados y residentes locales, y paliar de esta manera cualquier efecto económico negativo en las comunidades de acogida.
  • Los donantes deberían reconocer que, para responder a las necesidades alimentarias del mundo, son necesarios tanto el dinero como los bienes. Los compromisos deberían cumplirse permitiendo al Programa Mundial de Alimentos tener la flexibilidad de importarlos o de comprarlos en los mercados locales o regionales según recomiende la situación.
  • La reducción de las raciones alimentarias sólo debería hacerse cuando exista la certeza de que los refugiados pueden acceder adecuadamente a alimentos a través de otras fuentes. Antes de hacer ningún recorte en las raciones, debería realizarse una minuciosa valoración de las necesidades de las personas vulnerables entre las comunidades refugiadas y desplazadas de manera que los siguientes abastecimientos tengan en cuenta estas necesidades.
  • Los recortes en las raciones alimentarias nunca deben utilizarse como medios coercitivos para la repatriación.
  • Habría que prestar más atención al desarrollo de los sistemas de alerta temprana, permitiendo valoraciones y respuestas más rápidas a las necesidades alimentarias en todas las fases de la migración forzosa. Habría que trabajar en la reforma del actual sistema de financiar las necesidades de alimentos de manera que las actuales necesidades de los refugiados y de otras poblaciones vulnerables no queden relegadas por la llegada de nuevas demandas procedentes de nuevas emergencias alimentarias.
Reconciliación

Hay 40 conflictos armados en todo el mundo. Y en todos estos conflictos violentos se descuidan los derechos humanos fundamentales, lo que afecta enormemente a los civiles. En estas condiciones, en que la vida corre peligro, mucha gente se ve forzada a desplazarse y a buscar asistencia humanitaria, alojamiento, comida, salud y educación. La principal causa del desplazamiento forzoso son las graves violaciones a los derechos humanos, así que poner fin a estas violaciones daría una oportunidad crucial al retorno voluntario de los desplazados a sus hogares. Un serio obstáculo a un retorno duradero es la falta o el fracaso de un proceso de reconciliación.

Presente en más de 50 países, en los que impulsa más de 200 proyectos, el JRS promueve la reconciliación entre las víctimas y los victimarios, entre los que se perciben como “enemigos”. Inspirado por una fe cristiana promotora de justicia y abierta al diálogo multiconfesional y multicultural, el JRS enfoca su trabajo en la reconciliación desde la perspectiva de su triple misión:

  1. acompañamiento de las partes enfrentadas en la transformación de su conflicto (el JRS promueve la reconciliación a partir del encuentro directo entre víctimas y victimarios);
  2. servicio con un énfasis especial en la educación en general, y en la educación para la paz, en particular, (ayudar a evitar que los niños y jóvenes hereden odios atávicos); y
  3. advocacy que da voz a los excluidos (diciendo la verdad de todas las partes, buscando la rendición de cuentas y la reparación, y 'haciendo' una justicia restauradora).

La misión del JRS de reconciliación incide en diferentes fuentes espirituales (vivificantes) de las partes en conflicto. La reconciliación, como pilar fundamental de la construcción de paz, es un reto en todas las sociedades afectadas por la guerra que buscan una justicia de transición y una paz duradera. No puede haber reconciliación sin poner fin a la violencia física, psicológica, cultural y estructural, y sin dar un mínimo de dignidad y justicia a los afectados por la violencia. Si no se alcanza este mínimo de dignidad y justicia, la simple mención de la palabra 'reconciliación' en el contexto de refugiados, desplazados internos y otras víctimas de graves abusos contra los derechos humanos puede ser, paradójicamente, percibida como ofensiva y violenta. Es necesaria una reconciliación genuina al servicio de una paz sostenible.

Recomendaciones clave

A las partes en litigio en un conflicto armado:

  • Renunciar a inculcar el odio causado por la violencia a sus hijos y ayudar a la siguiente generación a caminar hacia la reconciliación y alcanzarla.
  • Trabajar por la reconciliación con “otra” parte (“el enemigo”), concienciando de que no hay paz sin justicia ni amor, ambos necesarios para el proceso del perdón.
  • Trabajar en el proceso de una justicia transicional comprometida con la verdad, la rendición de cuentas, la reparación y la reconciliación sin olvidar la justicia distributiva a nivel estructural.

A los gobiernos y autoridades de las comunidades de acogida:

  • Apoyar los programas de reconciliación para las poblaciones forzosamente desplazadas, particularmente dentro del sistema educativo.
  • Promover la integración de las personas forzosamente desplazadas como una relación "sin ganadores ni perdedores", y tratar de fomentar la tolerancia mutua y el aprecio entre las comunidades locales y las desplazadas.

A los donantes y otros actores en el área del trabajo internacional por la paz:

  • A la vez que apoyan el desarrollo material y los esfuerzos de reconstrucción, brindar la atención que se merece la reconciliación psicosocial a largo plazo en las iniciativas de construcción de paz, así como fomentar una paz duradera y romper el ciclo de la violencia.
Educación

JRS considera el acceso a la educación un derecho humano y un medio para construir la paz y el desarrollo. La educación desempeña un papel prominente entre los servicios que el JRS ofrece a los refugiados y a otras personas desplazadas. La organización ofrece educación preescolar, primaria, secundaria y superior a unos 285.000 jóvenes de todo el mundo. Así como remoza y reconstruye escuelas, el JRS forma a maestros y distribuye materiales educativos. Gracias al contacto con las necesidades de los refugiados, el JRS también trabaja para que los niños desplazados tengan garantizada y disfruten una educación adecuada.

La educación es importante para el desarrollo del individuo, como lo es para las sociedades, y el acceso a la educación es un derecho humano fundamental. Para los refugiados y otras personas desplazadas la educación desempeña un papel crítico que sustenta y salva vidas durante una crisis. Es uno de los cuatro pilares fundamentales de la asistencia humanitaria, junto con la alimentación, la atención sanitaria y el alojamiento. Y tiene una dimensión preventiva, un dividendo para el futuro, por su capacidad de apoyar el desarrollo del razonamiento, la toma de decisiones, la autoestima y la conciencia de uno mismo.

Sin embargo, en países de todo el mundo, las políticas estatales siguen excluyendo a los niños inmigrantes y refugiados del acceso a la escuela. Y esto incluso ocurre en algunos estados europeos con respecto a hijos de solicitantes de asilo y de inmigrantes indocumentados. En la mayoría de estos países, existe una brecha entre lo que, por una parte, prevé la ley y, por otra, lo que es la realidad. Hay países en que los niños y adolescentes desplazados por la fuerza pueden acceder a algún tipo de formación – como, por ejemplo, dentro de los campamentos de refugiados – pero muy a menudo las escuelas están precariamente equipadas y los maestros poco preparados y mal pagados.

Recomendaciones

A los gobiernos de los países de acogida:

  • Asegurar el acceso a la educación elemental, (que va desde la educación primaria hasta los primeros años de lo que suele llamarse “educación secundaria”) para todos los niños y adolescentes independientemente de su origen o condición.
  • Considerar abrir el acceso a la educación superior (incluyendo la universitaria) en las mismas condiciones que cualquier ciudadano del país, en particular a los refugiados reconocidos y a otros desplazados por períodos prolongados.
  • Rechazar tradiciones o prácticas que impiden a las niñas o a los niños con discapacidades acceder a la educación primaria y secundaria.
  • Prestar una atención especial a la formación adecuada y al pago de los maestros y a los equipamientos adecuados de las escuelas.

A las partes de un conflicto armado:

  • Desistir de tener como objetivo a las poblaciones civiles desarmadas y asegurar que las escuelas y otros equipamientos educativos sean espacios seguros, lo que incluye tomar medidas concretas para evitar el reclutamiento de niños soldado en las escuelas.

A los donantes y otros actores en el área de la cooperación internacional:

  • Prestar una atención especial a las necesidades de los niños y adolescentes desplazados por la fuerza en la preparación y el desarrollo de programas y proyectos de asistencia.
  • Asegurar a las sociedades de acogida que se beneficien de las instalaciones educativas evitando sentimientos de animadversión hacia las poblaciones desplazadas.
Lucha para poner fin a las violaciones y la violencia de género en los conflictos

La violencia de género y la violación destruyen a las personas, a las familias, a comunidades enteras y al tejido de la sociedad. Estos actos se han convertido cada vez más en una táctica deliberada para generar terror en la guerra y en otras situaciones de conflicto. El exilio es una ramificación de la guerra, por lo que existe una sinergia entre la labor del JRS y esta campaña, especialmente porque la violencia sexual y de género es un tema constante y apremiante en lugares como Colombia, República Democrática del Congo o Birmania. Creo que si somos los suficientes trabajando juntos podremos marcar la diferencia, poner fin a estos horrores y acabar con la impunidad.

Un gran número de personas refugiadas y desplazadas son víctimas de la violencia sexual y de género tanto durante su huida como al llegar a las nuevas comunidades de acogida, ya sea en zonas urbanas o en campamentos. Presente en más de 50 países de todo el mundo, los equipos del JRS a menudo son testigos de estas atrocidades que se cometen a diario. La pertenencia a la campaña ofrece mejores oportunidades para aumentar la conciencia sobre estos delitos y promover una acción política.

La prioridad del JRS ahora es difundir esta nueva iniciativa y encontrar soluciones innovadoras contra este crimen atroz, que, año tras año, afecta a un número cada vez mayor de mujeres y niñas.

Tras la decisión tomada en 2011 por los diez directores regionales del JRS de seleccionar la violencia sexual y de género como una prioridad de incidencia política, la organización ha estado buscando maneras de aumentar la sensibilización de la opinión pública y de actuar sobre este tema.

Hasta ahora, los compromisos para poner fin a la violencia de género y a las violaciones en la guerra y en otras situaciones de conflicto han sido o muy insuficientes o simplemente no se aplican. El JRS apoya la idea de que ya es hora de exigir un liderazgo enérgico y urgente a nivel local, nacional, regional e internacional para:
  • prevenir y detener la violación y la violencia de género en situaciones de conflicto.
  • aumentar considerablemente los recursos para la prevención y protección, la atención psicológica y física de las víctimas, sus familias y comunidades, incluyendo un esfuerzo concertado para poner fin a la estigmatización de las sobrevivientes, y
  • conseguir justicia para las víctimas, incluido el enjuiciamiento de los autores en todos los niveles de la sociedad, y la reparación integral a las víctimas.
Además de aportar la perspectiva de los refugiados y los desplazados internos a la campaña, los equipos del JRS cuentan con amplias y diferenciadas redes con las que compartir información sobre la violencia sexual, y un enfoque de base para trabajar en la prevención y la protección de las mujeres y las comunidades. Los equipos del JRS prestan servicios psicosociales y ayuda a los grupos de trabajo y comités para el desarrollo de acciones adecuadas de incidencia política y protección.

En concreto. Este esfuerzo de cooperación mundial fue presentado el 6 de mayo de 2012 por galardonados con el Premio Nobel de la Paz, organizaciones internacionales de advocacy y grupos de trabajo sobre conflictos a nivel regional y comunitario.

La misión de la nueva campaña es unir a organizaciones e individuos en una labor fuerte y coordinada para cambiar la situación y exigir un liderazgo político audaz que impida la violación en los conflictos, proteja a los civiles y a los sobrevivientes de violación, y pida justicia para todos, lo que incluye el enjuiciamiento efectivo de los responsables.

Aunque se espera ampliar el alcance geográfico, la campaña se centra actualmente en Birmania, Colombia, República Democrática del Congo y Kenia, ya que estos son los lugares donde es más urgente una acción inmediata y coordinada. El JRS tiene equipos en todos estos países excepto en Birmania, donde la organización está trabajando en la frontera entre Tailandia y Birmania.

http://www.stoprapeinconflict.org/espanol