Minas y municiones en racimo
Ayuda a los supervivientes y limpieza de tierras afectadas

El JRS trabaja tanto con las poblaciones afectadas como con los gobiernos para alcanzar sus objetivos. Un ejemplo es el trabajo del JRS sobre las minas terrestres, junto a otras agencias: la participación del JRS ha sido importante para conseguir que la voz de los supervivientes sea escuchada. Resultado: se han redactado tratados internacionales de vital importancia para tratar sus problemas.

El JRS forma parte activa en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas y en la Coalición contra las Municiones en Racimo. Un logro reciente de esta última ha sido la Convención sobre Municiones en Racimo, firmada en Oslo en diciembre de 2008, y que entró en vigor el 1 de agosto de 2010.

Este tratado prohíbe el uso, producción, almacenamiento y traslado de munición en racimo, exige la limpieza de las áreas afectadas en un plazo diez años y la destrucción de las existencias de municiones en el plazo de ocho. La Convención incluye además disposiciones innovadoras para la asistencia a supervivientes y comunidades afectadas. Junto con el Tratado de Ottawa sobre la Prohibición de Minas de 1997, es uno de los tratados internacionales de desarme armamentístico más importantes.

"Nuestro interés por la erradicación de la minas empezó durante el trabajo en los campos de refugiados en los años 80, donde vimos de primera mano las consecuencias desastrosas que estas armas provocaban en sus víctimas. El movimiento antiminas de Camboya ha tenido una gran influencia en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas. Comenzó con una carta de cuatro soldados en el "Centre of the Dove", del JRS (Centro de la Paloma), un proyecto de formación profesional para los supervivientes.

La carta decía: 'Antes éramos los soldados que poníamos las minas que volarían brazos, piernas y ojos de otros. Ahora trabajamos juntos en el Centro of the Dove y suplicamos al mundo que deje de producir y usar minas, que se empiece a desminar y se trabaje para que nuestras comunidades y las personas con discapacidad puedan vivir una vida plena de nuevo'.

En 1997, uno de estos soldados, Tun Chunnareth, subió al escenario de Oslo en su silla de ruedas y recibió el Premio Nobel de la Paz en nombre de la campaña. Trabaja con el JRS en Siam Reap, donde continúa su cruzada contra las minas. Tenemos el Premio Nobel expuesto en nuestra oficina".
Denise Coghlan RSM


  • Campañas
la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Antipersona/ la Coalición Contra las Bombas de Racimo

Hasta los años 90, de una u otra forma, las minas antipersona habían sido utilizadas por casi todas las fuerzas armadas del mundo. Gracias al Tratado para la Prohibición de Minas de 1997, el uso de estos dispositivos cayó en picado. Aunque hoy, esta arma apenas la utilizan en un puñado de conflictos, sigue suponiendo una importante amenaza a largo plazo.

El JRS ayudó a crear la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Antipersona (ICBL, por sus siglas en inglés) en 1994, para acompañar a los heridos por las minas, ayudar a sus supervivientes a contar sus historias, promover reflexiones éticas sólidas, y apoyar a las campañas nacionales. La concesión en 1997 del Premio Nobel de la Paz a la Campaña dio fuerzas al infatigable equipo del JRS que participó en la campaña. Tun Chunnareth, víctima de una mina antipersona, que ha trabajado durante años con el JRS Camboya, ha sido un prominente portavoz de la Campaña para la Prohibición de Minas Antipersona y fue quien, en Oslo, aceptó en 1997 el Premio Nobel de la Paz en nombre de la campaña. El JRS sigue presionando a otros países para que firmen y ratifiquen el Tratado de Prohibición.

El JRS facilita información al 'Landmine Monitor' de la ICBL, un estudio anual en profundidad sobre el estado del uso, producción y destrucción de minas antipersona, que, a modo de informe de control, hace el seguimiento de los compromisos de los estados en cuanto al Tratado para la Prohibición de Minas (Convención de Ottawa de 1997). El JRS ha desempeñado un papel líder en la campaña y ha colaborado en las investigaciones en Camboya, Tailandia e Indonesia para el 'Landmine Monitor'. Además, el JRS sigue apoyando a los supervivientes de las minas en Bosnia, Camboya, Tailandia y Kosovo, y trabaja activamente en la sensibilización sobre el tema en estos y otros países afectados por las minas.

Tras la firma del tratado para la prohibición de minas antipersona, los grupos de la sociedad civil, entre ellos el JRS, crearon la Coalición Contra las Bombas de Racimo, y cambió sus actividades de advocacy para concentrarse en la prohibición de las municiones de racimo. Estas armas liberan cientos de submuniciones y saturan un área de la extensión de varios campos de fútbol. Igual que las minas antipersona, las municiones de racimo o bombas de fragmentación, a menudo no estallan al impactar lo que supone una amenaza fatal para cualquiera en el área. Muchas de las municiones de racimo, aparte, afectan áreas fuera del objetivo militar previsto.

En mayo de 2008, en Dublín, Irlanda, tras años de campaña, 107 países acordaron y adoptaron un tratado que prohíbe las bombas de racimo y ofrece asistencia a las comunidades afectadas. La Convención sobre la Munición de Racimo (CCM, por sus siglas en inglés) prohíbe todo uso, almacenamiento, producción y transferencia de munición de fragmentación. La Convención cuenta con artículos separados respecto a la ayuda a las víctimas, la limpieza de las áreas contaminadas y la destrucción de los stocks. El 1 de agosto de 2010 se convirtió en ley internacional.

Algunas razones para hacer campaña por la prohibición total de las minas antipersona y de la munición de racimo

Costes socioeconómicos
La presencia de estas armas supone una amenaza a los civiles desplazados que regresan a sus hogares, es un obstáculo para el desarrollo tras el conflicto, hace inaccesible el suelo agrícola y obliga a la gente a trabajar en áreas infestadas porque no tienen otro medio con el que ganarse la vida. También complica el suministro de ayuda y de otros servicios de socorro y amenaza, hiere y mata a los trabajadores humanitarios.

Los costes humanos
Las minas antipersona y las municiones de racimo siguen mutilando y matando a gente corriente cada día. Arrancan a sus víctimas piernas, pies, brazos y manos. Disparan metralla contra sus rostros y sus cuerpos. Matan. Además, el tratamiento médico para los supervivientes, cuando lo hay, es costoso, una carga para los ya sobrecargados sistemas de salud.

Los civiles se llevan la peor parte
La inmensa mayoría de las víctimas son civiles y no soldados. Y no sólo durante el conflicto, la mayoría de las víctimas ocurren ya en tiempo de paz.

Ley humanitaria
Bajo la ley humanitaria internacional, las partes en un conflicto armado están obligadas a proteger a los civiles. Las armas que no pueden discriminar entre objetivos civiles y militares o que causan un excesivo daño humanitario constituyen un grave motivo de preocupación, razón por la que se firmó un tratado prohibiendo las minas antipersona en 1997. Es importante que los países hagan lo mismo con las municiones de racimo.

Efectos a largo plazo
Una vez plantada o disparada, las minas o las municiones de racimo ahí se quedan a menos que alguien las quite. La única manera de impedir el daño a largo plazo es que todos dejen de utilizarlas y que dediquen recursos a limpiar las áreas contaminadas y ayuden a los supervivientes.

Los niños victimizados
Un niño herido por una mina o por una bomba de racimo puede llegar a necesitar meses de recuperación. Un niño en edad de crecimiento con una prótesis en la pierna tendrá que reajustarla cada año. Algunos ya no vuelven a la escuela tras el accidente. Muchos se enfrentan a la exclusión social. Como las víctimas adultas, se enfrentan a terribles problemas prácticos, económicos, sociales y psicológicos a lo largo de su proceso de rehabilitación y reintegración.

Protección de las fronteras: hay alternativas
Las minas son inefectivas en la protección de las regiones fronterizas, por ejemplo de grupos armados no estatales. Más que ofrecer protección, los campos minados aterrorizan y empobrecen a las comunidades que viven en el área. Entre las alternativas existentes está el uso de patrullas fronterizas tanto móviles como fijas, los equipos sensores de movimientos y las barreras.